Jackie Kennedy-Onasis – De primera dama a Diva

  • ivanreverie
  • diciembre 16 , 2017
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Cuando una mujer trasciende a su imagen pública y se establece como el símbolo indiscutible de una nación entera, es entonces que nace un ícono cultural. Tal es la historia de la neoyorquina Jacqueline Bouvier que, tras su matrimonio con John F. Kennedy en 1953 y su histórica elección a la presidencia de los Estados Unidos, se convirtió en la Primera Dama más popular y querida en la historia del país. Años después, tras el casamiento de Bouvier con el griego Aristóteles Onassis, ella continuaba siendo el ejemplo a seguir de miles de mujeres en el mundo; ‘Jackie’O’ representó a la mujer americana ideal: dedicada a su marido, inteligente pero discreta, elegante y arreglada. Esto último fue su mejor estrategia como Primera Dama e ícono de estilo; el refinamiento de Jackie se tradujo en trajes y vestidos influenciados por los mejores modistos de París, inigualables sombreros y tocados y, desde luego, las más magníficas joyas que se podían obtener.
La notable historia de esta colección de joyas comienza con el bellísimo anillo con el que John F Kennedy propuso matrimonio a Jackie en el verano de 1953; una sortija de la firma Van Cleef and Arpels con un diamante blanco y una esmeralda, ambos en corte Ascher, de 2.88 y 2.84 quilates respectivamente, acompañados de baguettes de diamante y todo montado sobre oro. En 1962, el anillo fue modificado y se agregaron diamantes redondos y en corte Marquis. Esta pieza sigue siendo una de las más queridas y famosas.
En 1962 cuando el Sha Mohamed Reza Pahlevi de Irán y su esposa, la emperatriz Farah Diba, visitaron la capital norteamericana, las legendarias joyas de la emperatriz iraní obligaron a que Jackie usara sus incontables recursos para que la corona con la que Farah Diba contrajo matrimonio en el 59, no la desluciera, fue entonces que la primera dama reunió los 6.000 dólares necesarios para adquirir un prendedor en forma de sol de diamantes del siglo XVIII que había visto en la exclusiva Wartski’s de Londres. Con la pieza sujetando su cabello, deslumbraría a todos durante la cena de gala, para lograrlo intercambió varias joyas, entre ellas una aguamarina, regalo del gobierno de Brasil, el clip de diamantes que su suegro, Joe Kennedy le había entregado por su matrimonio; un brazalete de diamantes y zafiros de Van Cleef & Arpels; un prendedor de oro y esmeraldas que recibió en Grecia, además de 2.000 en efectivo. ¡Nada se interpondría entre ella y su entrada triunfal!
El juego de diamantes y esmeraldas que el presidente regaló a su primera dama tras las exitosas elecciones de 1960, fue igualmente notable: collar, brazalete y pendientes todos sobre oro amarillo, con pequeñas flores de diamante y gotas de esmeralda.
Aunque el auge del estilo de Jackie fue durante el mandato de su esposo, no fue sino hasta 1968, tras la trágica muerte del presidente y su enlace con Onassis, el magnate de transportes, que su joyería más grandiosa surgió: El diamante Lesotho III de exorbitantes 40,42 quilates, corte marquis del joyero Harry Winston fue vendido por nada menos que 2,59 millones de dólares en la legendaria subasta de la casa Sotheby’s la primavera de 1996. Este anillo de compromiso que Aristóteles otorgó a su nueva esposa es una de las piezas de joyería más fabulosas del mundo y la más importante de la colección Kennedy, sin embargo, también es una de las menos vistas: se dice que Jackie lo usó sólo dos veces y después se guardó en una bóveda privada en Nueva York.
Todo tiene un precio, la relación y sobre todo el matrimonio entre Jacqueline Kennedy y Aristóteles Onassis ilustra esta frase a la perfección. Él tenía casi todo lo que el dinero podía comprar y, además el amor de María Callas. Jackie no tenía mucho dinero pero gozaba de la fama y el prestigio que él ansiaba, y durante una fiesta en Nueva York en 1971 Jackie lleva el collar de diamantes y esmeraldas que Onassis le regaló al comprometerse.
La colección de Jacqueline Bouvier siguió creciendo en los años siguientes a su matrimonio al igual que su fidelidad por la firma francesa Van Cleef and Arpels de quien comisionó piezas entrañables como el espantapájaros de oro con cabeza, pies y decoraciones en cabujones de esmeralda, rubí y zafiro, o el impactante juego de collar y aretes de diamante con motivos orgánicos y también engarzados con cabujones de las mismas piedras.
La proyección internacional que Jackie’O tuvo como ícono de estilo y elegancia fue sin precedentes para una primera dama y la convirtió en una auténtica estrella cultural. Sin duda fue una mujer grandiosa, pero nada hubiera sido posible sin un guardarropa impecable y una envidiable colección de joyas como la suya.


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